Del clima genitl y primaveral que teníamos en Buenos Aires hace dos semanas atrás, me zambullí en el sofocante calor de l región de Cuyo. Llegué a San Juan, avión mediante, y partí rumbo a la frontera de la Provincia para maravillarme con el Valle de la Luna.

La variedad de formas y colores son increíbles y a lo lejos, bordeando el horizonte, una formación roja siempre persente dominando la vista del parque. Me quedé ahí una noche para vivenciar la absoluta soledad y el viento feroz que se levanta por las tardes en esa parte del mundo.

Al día siguiente me las arreglé para cruzarme de parque y visitar su vecino de medianera, el PN Talampaya. Arrancamos una excursión y el impacto visual de esas paredes enormes y coloradas es colosal. Es colosal todo el cañón con sus meandros, sus formaciones inverosímiles y ese color increíble. También pasé la noche en el desierto pero esta vez el viento se apiadó de mi.

Al día siguiente, en una carretera en el medio de la nada conseguí llegr al pequeño Pueblo de Villa Unión. Allí pude sumarme a una excursión a Brava, un ojo de agua a 4100 metros de altura con sus llamas y sus flamencos. El camino por la precordillera hasta la laguna es sensacional! Oc res y marrones de todo tipo se amontonan a los pies de las montañas.

Finalmente, pasé mis días de esta recorrida en un pueblito mínimo llamado Aicuña de solo 400 habitantes. Descansar leyendo sentado a la sombra de un nogal es impagable, tanto como el locro de choclo que comí por la noche y las caminatas por la montaña.

Pegué la vuelta vía San Juan y en casa nuevamente.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s